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CINE |
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ROSARIO TIJERAS |
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Medellín
1989, es la fecha en la que comienza Rosario Tijeras (La película). Al mirar
esta cinta puede uno sentirse tenazmente altivo y honrado... a la vez
vilmente desdichado e inicuo. |
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La dicha se manifiesta desde el
comienzo del filme, el cual tiene una introducción alterna, movida, colorida,
brillante y técnica que no envidia ninguna producción internacional. Es la
película colombiana con mejor trabajo de fotografía hecho hasta la actualidad;
se nota que ahora si se están metiendo la mano al bolsillo los productories y
se manifiesta la platica, llevando a
que Colombia se proyecte en el cine a nivel mundial. Las actuaciones
me parecieron muy buenas, Manolo Cardona ha mejorado como actor (el hombre en
sus novelitas es medio bodrio) se puede decir que maneja bien el papel de Emilio. |
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Vemos los “parceritos” como
"al John F". y "al Ferney", cada muchacho con cara de
“alondra gratrufia areta que conmigo nadie se meta”, pero que en realidad dan
la talla en su interpretación. Me gustaron bastante dos personajes (los cuales
son los protagonistas en el libro) la espléndida Rosario – con Flora Martinez
– y el pelado Antonio representado por Unax Ugalde, español al que se le
escucha rarísimo el acento paisa y que alcanza a traer a la mente a Gael
García en su aparición de Amores Perros. |
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En la película queda casi
imposible escenificar las dos tallas (de ropa) que sube Rosario Tijeras cada
vez “que se echa un muñeco”, y efectivamente no lo muestran. Pero si la dejan
ver con su semblante alicaído y con la desdicha de haberse forzado así misma
para transformarse en mala
evitando así que le volvieran a hacer daño, "yo no soy de nadie, ni de
mi mamá soy" dice el personaje, esta supuesta transformación obligada es
superflua, pues delega al entorno la violencia personal sin dejar relevancia
a la voluntad propia, simplemente es ignorante la justificación de un esquema donde
terminan siendo los verdugos similares a sus victimas. De aquí pasamos a lo
vil y desdichado de la cinta. Para la muestra un botón al que hace referencia
un editorialista de un periódico en Medellín a comienzos de los años
cincuenta: |
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“Hemos aprendido a
matar y debemos aceptar la generación de los asesinos como un producto neto,
simple y nítido de nuestras actuales condiciones”.
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Esto lo dice todo. El país del
“Sagrado Corazón” es visto internacionalmente como una tierra de drogas,
sicarios, guerrillas y bestialidad sin límites y pues lo que la cinta va a
“volver a mostrar en el mundo” es esa Colombia bazofia que todos menosprecian y en el que
nos matamos entre hermanos, donde se recurre a las armas para arreglar los
problemas vecinales, políticos y hasta amorosos. |
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Incluso hacemos mofa de nuestros
sicarios y hasta podemos llegar a identificarnos con ellos teniendo compasión
por su pasado, todo eso estaría bien sino se consiguiera con el
adormecimiento de la conciencia que no permite ver más allá. Lógicamente el
cine nacional habla e interpreta lo
que más tiene y de lo que más sabe, por tanto solo espero que las
generaciones actuales y futuras le demos un vuelco a esta manifestación
miserable de la bestialidad para que las películas futuras que se exporten
desde nuestro país muestren a una Colombia nueva y llena de paz. |
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YARODë FREDRICK BURGOS |
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